Definida como la ave más bella del continente americano, el Quetzal fue para las culturas mesoamericanas símbolo de fertilidad, abundancia, bienestar, vida, prosperidad y libertad.
En las culturas maya y azteca los adornos, estandartes y atuendos confeccionados con las iriscentes plumas del Quetzal eran símbolo de poder y riqueza, por esta razón hacían ricos atavíos e insignias para dioses y señores como el manto de los emperadores aztecas que siempre quedaba retocado con unas plumas de esta ave. También utilizaban las plumas a modo de talismán.
Para obtener las plumas, había que capturar el Quetzal vivo, arrancarle las plumas (que volverían a crecer después de la muda) y más tarde, volver a dejarlos en libertad. En el próspero comercio mesoamericano, las plumas de Quetzal eran uno de los bienes más codiciados, éstas eran comercializadas por los mayas tan al norte como se halla el “Valle central de México” y tan al sur como se encuentra el “Imperio de los Incas”, un área que es ocho veces su propio territorio.
De acuerdo a documentos heredados por el misionero español “Fray Bartolomé de las Casas” (1474 - 1566), la captura o caza de Quetzales estaba considerada una gran ofensa: “... ellos castigaban con la muerte a quien matara a la ave de rico plumaje, ya que era difícil de encontrar y sus plumas eran de gran valor porque las utilizaban como moneda”.
En relación a la importancia del Quetzal en las culturas precolombinas, se sabe que en las civilizaciones azteca y maya adoraban a un dios llamado “Quetzalcóatl”. La relación entre el Quetzal y el dios “Quetzalcóatl” reside en el nombre y en la imagen del dios: “Quetzalcóatl” proviene etimológicamente de Quetzal y de cóatl, serpiente, por lo que “Quetzalcóatl” significa “serpiente emplumada” y así es como se le representa en la iconografía de este dios. Los aztecas veneraban a este dios como patrón de los sacerdotes, inventor del calendario y protector de los artesanos. Para los mayas “Quetzalcóatl” fue su mesías.


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